El auge del hacktivismo: Una amenaza creciente para compañías y gobiernos

Table of Contents
En un contexto geopolítico tan convulso como el actual, el hacktivismo está ganando tracción dentro del panorama de amenazas al que se enfrentan empresas e instituciones públicas
La Policía Nacional detiene, gracias a la colaboración del FBI, a un ciudadano que vive en Palencia y está apoyando a dos grupos de hacktivistas prorrusos en sus actividades maliciosas contra organizaciones occidentales. Suena a sinopsis de una película que puede moverse entre el thriller político y la comedia absurda castiza, pero es una historia real.
Este caso nos permite poner el foco en una tendencia clave en el ámbito de la ciberseguridad: el auge del hacktivismo impulsado por el contexto geopolítico más convulso desde el final de la Guerra Fría, en el que se conjugan conflictos bélicos con tensiones políticas y comerciales crecientes entre grandes potencias.
A continuación, vamos a explicar qué es el hacktivismo, cuáles son sus objetivos, qué clase de ataques llevan a cabo y cómo la hibridación entre hacktivismo y grupos de amenazas persistentes avanzadas (APT) puede suponer una amenaza para las organizaciones que operan en sectores críticos.
1. ¿Qué es el hacktivismo?
El concepto de hacktivismo es lo suficientemente expresivo para no dejar mucho lugar a la imaginación: los grupos de hacktivistas llevan a cabo acciones maliciosas contra empresas y administraciones públicas por motivos políticos o ideológicos.
¿Qué buscan conseguir? Obtener notoriedad y exposición mediática para sus reclamaciones políticas, dañar la imagen de empresas e instituciones que consideran enemigas, exfiltrar información sensible o contribuir a desestabilizar estados rivales. Es decir, a diferencia de los ciberdelincuentes tradicionales, el objetivo del hacktivismo no es la obtención de ganancias económicas.
Mientras que el hacktivismo también se ha diferenciado tradicionalmente de los grupos de ciberespionaje financiados por estados como Rusia, Corea del Norte o Irán. Estos grupos tienen objetivos claros y ambiciosos: robo de propiedad intelectual e industrial crítica, obtención de información que se pueda usar en acciones bélicas o de sabotaje, daño a infraestructuras críticas…
Por ejemplo, NoName057(16), uno de los grupos de hacktivismo más notorios de los últimos años, defendía en su manifiesto fundacional que su objetivo era responder «a las acciones hostiles y abiertamente antirrusas de los rusófobos occidentales», en referencia directa al apoyo de las democracias occidentales a Ucrania.
De hecho, este grupo lanzó múltiples ataques DDoS contra organizaciones españolas, incluido un ataque a la web de la compañía a cargo de los tanques Leopard en España, uno de los armamentos que nuestro país aportó para la defensa de Ucrania. Además, es importante destacar que este grupo realiza la operación #OpSpain, que ha sido activada y desactivada varias veces, pero que tiene registros desde hace más de dos años.
Eso sí, tampoco hay que irse a miles de kilómetros para identificar a grupos de hacktivistas. Por ejemplo, en febrero de 2026, la Guardia Civil detuvo a los principales integrantes de Anonymous Fénix, un grupo que desde abril de 2023 lanzó ataques DDoS contra partidos políticos y administraciones públicas españoles, alcanzando su pico de actividad tras la catástrofe de la DANA en Valencia.
2. ¿Qué clases de ataques lanzan los hacktivistas?
Precisamente, el hacktivismo ha estado estrechamente ligado a los ataques de denegación de servicio distribuido o DDoS.
Las campañas de DDoS buscan saturar los servicios digitales con un aluvión de peticiones para impedir que las webs de organizaciones funcionen con normalidad o conseguir, incluso, dejarlas fuera de servicio.
El objetivo de estos ataques es dañar la imagen de compañías e instituciones y conseguir que sus actividades trasciendan y lleguen a la opinión pública de los estados. De hecho, NoName lanzó un ataque DDoS contra la web del Ministerio del Interior el día en que se celebraron las últimas elecciones generales en España, logrando que estuviese caída durante varios minutos.
Otros tipos de ataques lanzados habitualmente por grupos de hacktivismo son:
- Defacement. También se trata de un ataque contra un sitio web, pero en este caso no se busca torpedear su funcionamiento, sino que el objetivo es alterar su apariencia para llevar a cabo algún tipo de reivindicación o lanzar mensajes contra organizaciones y estados. Otra motivación detrás de esta clase de ataque es dañar la reputación de una empresa o institución o, a un nivel más global, de un país.
- Filtraciones de datos de compañías e instituciones para ganar notoriedad pública, mediante la explotación de vulnerabilidades, campañas de ingeniería social o ataques de ransomware con fines políticos.
- Doxxing. Es decir, exposición pública de información privada sobre personas de interés o compañías con el fin de hostigarlas.
Estamos hablando de ataques que pueden generar problemas al tejido productivo y a las administraciones públicas, pero que no tienen la complejidad y el impacto de los ataques lanzados por grandes grupos delictivos.
Sin embargo, el hacktivismo está comenzando a convertirse en una amenaza de primer nivel. ¿Por qué? Los conflictos bélicos provocan un crecimiento de la actividad de los hacktivistas, sus objetivos están siendo más ambiciosos y la coordinación con grupos de amenazas vinculados a estados aumenta su capacidad de hacer daño.

3. El hacktivismo se ha visto impulsado por los conflictos bélicos
NoName al igual que otros grupos de hacktivistas prorrusos inició su actividad a raíz de la invasión rusa de Ucrania y con el objetivo de desestabilizar a este país, así como a sus aliados occidentales, pero el hacktivismo también creció del lado contrario. A lo largo de estos años, grupos proucranianos han lanzado campañas DDoS y ataques para espiar a empresas e instituciones rusas clave, como su principal proveedor de drones, para obtener información confidencial de gran valor a nivel geoestratégico.
Pero el hacktivismo no se ha visto impulsado solo por la guerra de Ucrania, sino que el conflicto árabe-israelí y la guerra de Irán también han provocado un notable auge del hacktivismo.
En los primeros días de la guerra en Oriente Medio, los expertos en ciberseguridad ya detectaron un importante aumento de actividades de hacktivismo por parte de grupos proiraníes, como Hydro Kitten, focalizado en atacar al sector financiero. Es más, los ataques de hacktivismo simultáneos contra estados de Oriente Medio como Israel, Kuwait o Baréin alcanzaron cuotas no registradas hasta el momento.
De hecho, al analizar las repercusiones en ciberseguridad del conflicto en Oriente Medio, el equipo de Ciberinteligencia de Tarlogic detectó la presencia de 84 actores activos, la mayoría de ellos alineados con Irán.
Ante el auge del hacktivismo, los expertos y los organismos públicos a cargo de la ciberseguridad recomiendan la adopción de estrategias para hacer frente a los grupos de hacktivistas.
Por ejemplo, Richard Horne, el director ejecutivo de NCSC, el centro nacional de ciberseguridad del Reino Unido, alertó en abril de que el país podría tener que afrontar ataques de hacktivistas a gran escala, que pudiesen tener un nivel de sofisticación e impacto similar al de ataques de ransomware graves, como los sufridos por varias multinacionales británicas en 2025.
¿Por qué? Según Horne, las organizaciones públicas y privadas occidentales se encuentran en medio de una tormenta perfecta generada por la revolución tecnológica ligada a la IA y el aumento de las tensiones geopolíticas.
4. La peligrosa hibridación de hacktivistas y grupos APT
A los factores apuntados desde el NCSC hay que sumar un elemento clave: la creciente conexión entre los grupos de hacktivistas y los grupos APT vinculados a estados.
Históricamente, el hacktivismo se ha resumido con el dicho popular de «mucho ruido y pocas nueces», habida cuenta de que su actividad estaba centrada en lanzar campañas de DDoS para obtener visibilidad, pero sin buscar objetivos ambiciosos.
Por el contrario, los grupos APT vinculados a estados, como Salt Typhoon (China) o algunos grupos rusos denominados Bear por los expertos en ciberseguridad, como Fancy Bear, han desarrollado ataques sofisticados y de largo alcance para realizar acciones de ciberespionaje de gran nivel. Es decir: «poco ruido y muchas nueces».
Mientras que el hacktivismo se ha sustentado sobre la voluntad de los actores maliciosos involucrados, los grupos APT conjugan cuantiosos recursos económicos y tecnológicos con elevados conocimientos técnicos.
El auge del hacktivismo en los últimos años no solo ha supuesto el incremento de actores maliciosos y un mayor nivel de complejidad y ambición en sus ataques, sino que ha provocado la colaboración entre hacktivistas y grupos APT con enemigos comunes.
El resultado ha sido la irrupción del hacktivismo híbrido, donde se da una coordinación y un traspaso de conocimientos y recursos de los grupos esponsorizados por los estados a los grupos de hacktivistas, permitiéndoles realizar ataques más complejos y potencialmente dañinos. Hasta el punto de que en algunos casos ya resulta difícil distinguir si los actores maliciosos son hacktivistas o grupos financiados por estados y alineados con sus objetivos.
De hecho, la CISA, la agencia estadounidense a cargo de la ciberseguridad y la seguridad de las infraestructuras ha vinculado al GRU, el servicio de inteligencia ruso, con grupos de hacktivistas prorrusos como Cyber Army of Russia Reborn (CARR), que está alineado con NoName, Z-Pentest o Sector16.

5. El hacktivismo apunta hacia infraestructuras y sectores críticos
Precisamente, la CISA y las agencias de ciberseguridad y fuerzas de seguridad de otros países como España, Francia, Italia, Reino Unido o Australia alertaron a finales de 2025 de que estos grupos de hacktivistas prorrusos estaban lanzando campañas contra infraestructuras críticas a nivel global.
Los sectores en la diana del hacktivismo según las autoridades públicas son el del tratamiento y suministro de agua, el alimentario y el de la energía.
A los que se pueden sumar otros sectores críticos para la sociedad y el tejido productivo como el financiero, el de las telecomunicaciones o el de la salud. De hecho, el grupo de hacktivistas proiraní Handala atacó con éxito al inicio de la guerra a una multinacional de equipamientos y dispositivos médicos, causando la disrupción global de sus servicios.
Asimismo, en los últimos años grupos de hacktivistas como Z-Pentest han puesto en su punto de mira los sistemas de control industrial (ICS), esenciales para el funcionamiento de industrias altamente automatizadas e infraestructuras críticas como plantas eléctricas o de agua.
De hecho, las autoridades públicas alertan sobre los ataques contra sistemas ICS y contra la tecnología operativa (OT) de compañías de sectores críticos expuestos a internet y que presentan bajos niveles de seguridad.
Habida cuenta de lo que venimos de señalar, resulta evidente que el hacktivismo ya no está focalizado solo en realizar los tradicionales ataques DDoS contra webs corporativas o institucionales, sino que ha dado el salto hacia el diseño y la ejecución de ataques más sofisticados.
6. ¿Cómo hacer frente al hacktivismo?
El auge del hacktivismo lo ha convertido en una amenaza relevante, no solo para el sector público, sino también para las compañías, especialmente, aquellas que desarrollan sus actividades en sectores críticos.
Por eso, es fundamental que sus estrategias de ciberseguridad contemplen el riesgo que supone el hacktivismo, especialmente, en un contexto geopolítico cada vez más impredecible. ¿Qué servicios de ciberseguridad pueden ser claves para prevenir el hacktivismo?
- DoS test. Las pruebas de denegación de servicio distribuido simulan ataques reales en entornos controlados para comprobar los niveles de saturación de los servicios expuestos a internet de una organización y afinar sus capacidades para garantizar su resiliencia.
- Pentesting. Los pentesters simulan ataques para identificar vulnerabilidades explotables por los actores maliciosos que les permitan provocar caídas en los servicios corporativos, acceder a información confidencial o instalar malware.
- Threat Intelligence. La inteligencia de amenazas dirigida es clave a la hora de identificar posibles escenarios de ataque y tomar medidas para prevenir el riesgo de sufrir incidentes de seguridad.
- Red Team. Los operadores de Red Team simulan ataques realistas adaptados a los escenarios de ataque identificados por los expertos en Threat Intelligence. De esta forma, se puede evaluar cómo responde una organización ante un ataque de hacktivistas o de grupos híbridos, formar a los profesionales a cargo de su defensa y optimizar los mecanismos de detección y respuesta.
- Respuesta a incidentes proactiva. La capacidad para responder en el menor tiempo posible ante un ataque, identificar el alcance del compromiso y expulsar al actor malicioso es esencial para limitar el impacto de un incidente y salvaguardar la continuidad de negocio.
En definitiva, el hacktivismo forma parte de un panorama de amenazas cada vez más complejo y desafiante tanto para las compañías como para las administraciones públicas.
Los conflictos bélicos y las tensiones geopolíticas, la revolución de la IA, la hibridación entre hacktivismo y grupos APT y su intención de atacar infraestructuras críticas obligan a las organizaciones a adaptar sus estrategias de ciberseguridad para hacer frente a los ataques de los actores maliciosos con intereses políticos.